Divertido cortometraje protagonizado por los novios, con un argumento disparatado en el que el novio, Juanjo, olvida llamar para encargar la tarta nupcial. Tras una discusión durante el banquete, deciden salir corriendo a comprar otra. No es una historia para la alfombra roja de los Oscar, pero aunque modesta, cumple con el objetivo principal por el que los novios deciden encargar este tipo de vídeos: Hacer pasar un rato divertido a todos los invitados de la boda y llevarse un recuerdo que no tiene precio, haber sido protagonistas de un corto, vestidos de novios y en su propia boda, seguro que no lo olvidarán y quedará para contarlo a los nietos.

Se grabó en un par de noches, contando con que la primera se realizó el diálogo en el que discuten en el restaurante, el resto del corto se grabó en la segunda tarde. Fue fácil y los novios actuaron ante la cámara dejando los nervios a un lado y metiendo de lleno en la historia, jugando y divirtiéndose mientras hacían su papel estelar.

Tengo que agradecer la participación de Mario como dueño del chino, que además nos hizo pasar otro buen rato durante su proceso de caracterización para conseguir rasgos “chinos”, con la descabellada ocurrencia de tensarle los ojos con esparadrapo (la idea era reírse y llevar a lo absurdo al personaje).

El final del rodaje terminó y dado que ya habíamos acabado el cortometraje, decidimos acabar también con la tarta, así que, acompañada de cava y a la luz de las farolas del parking del Erosky de Molina, brindamos por los novios.

Aquí está el corto que se proyecto durante el banquete junto con el plano “real” de los novios haciendo su entrada en el banquete. De verdad que estas cosas no tienen precio, ese momento en el que entran con la tarta y todos los invitados se levantan y aplauden, es único, hace que todo el esfuerzo hecho por la pareja, merezca la pena y le confiere a la idea de celebrar un banquete nupcial en mucho más que un simple banquete de boda.